Un Americano: la visión panamericana de Bolívar

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“Un americano septentrional”  fue uno de los pseudónimos con los que firmaba en Jamaica el que eventualmente se conocería como  “El Libertador” Simón Bolívar.   Su uso dice mucho de la cosmovisión de un hombre grande de la historia y demuestra que Bolívar se consideraba tan Americano como Jorge Washington, Morelos y José de San Martín.  Hoy su sueño de unir las Américas es cada vez más posible siguiendo el modelo de apertura e integración de comercio que aspiraron tanto  El Libertador, Morelos, Washington y los enmarcadores de la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica.

La lucha por la libertad del despotismo monárquico tuvo su génesis en la prohibición del libre comercio.

Fue en contra de las barreras al libre comercio y los impuestos  que se armaron los americanos en contra de las monarquías. Un “primer grito continental” en esta lucha fue la famosa rebelión del “Boston Tea Party”  en la bahía de Boston en 1773.  La rebelión en el norte de América se basaba en el mismo lamento de los criollos de toda América que habían sido prohibidos de comerciar.  Por consumir sus mismos insumos pagaban exorbitantes sumas en impuestos absurdos y trabas burocráticas que solo beneficiaban a unos pocos privilegiados colgados de la monarquía absoluta en Europa.

La falta de comercio creó el caldo de cultivo del descontento popular que eventualmente  hizo ebullición en Norteamérica y creó las semillas de la insurrección en el resto de América así como en Francia.  El desmoronamiento de la monarquía francesa y la instalación de un Bonaparte en el trono Español serían los detonantes finales que tanto anhelaban los independistas americanos.

La libertad se convirtió en una idea a cuyo tiempo le llegó y su fuerza se dejó sentir desde la Patagonia hasta el Rio Bravo de México.   Lamentablemente, el esfuerzo monumental de liberar América tomó mucho tiempo y los planes políticos de Bolívar nunca se vieron realizados.  Quizás el mejor documento que tenemos al respecto es la Constitución de Bolivia que le pidieron sus ciudadanos que redactara, y cuyo texto nunca fue implementado por ningún gobierno. Santander prefirió usar el documento como arma política y prueba “fehaciente” de las intenciones apoteósicas de Bolívar.

Infamemente vilificado, Bolívar se retiró a morir en paz con la satisfacción del deber cumplido en el campo de batalla.

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